Trabajos sucios: ETA, Guantánamo, Bagdad, ZP, Felipe, Semprún, Buchenwald

February 19, 2006

El terrorista y el torturador tienen algunas cosas en común: pretenden aniquilar la identidad de individuos desarmados, con fines que ellos consideran políticos, como arrancar una confesión, o propagar el terror entre los ciudadanos indefensos, para intentar imponer unos objetivos al margen de toda ley o responsabilidad moral.

En las autocracias, tiranías o sociedades totalitarias, el Estado es al mismo tiempo terrorista y torturador, considerando a los ciudadanos como mera carne de cañón de un campo de concentración. En las sociedades libres, la opinión publica, la prensa, los poderes judiciales, pueden y deben denunciar aquellos atropellos cometidos por este o aquel gobierno.

Históricamente, hay casos de terroristas que llegaron a ser hombres de Estado (valgan los ejemplos de eminentes líderes de Israel y la Autoridad palestina). La conciencia cívica y moral de Israel se honra con los hondísimos debates cívicos animados por sus más eminentes intelectuales. No ocurre otro tanto, hasta hoy, con los más altos líderes carismáticos palestinos.

Ante los odiosos atropellos cometidos por militares americanos, en Bagdad o Guantánamo, el oprobio internacional, los llamamientos de Naciones Unidas, las denuncias de la prensa de referencia internacional, y las intervenciones de los tribunales militares ilustran el funcionamiento más o menos eficaz y precario -según se mire-, modesto, sin duda, pero bien real, de los perfectibles mecanismos del Estado de derecho, en una sociedad libre.

De la España del GAL a la España de las sucesivas treguas de ETA, la sociedad civil española no siempre ha podido beneficiarse de los mismos mecanismos de salvaguarda de ciertos principios morales. Intelectuales, periodistas, jueces, incluso cineastas judíos, llevan muchas décadas reflexionando sobre los fundamentos morales de algunas decisiones tomadas por las más altas jerarquías del Estado de Israel. De los orígenes y utilización diplomática del GAL -Felipe Gonzalez ante Mitterrand- al alcance exacto de la eventual “tregua” y “negociación” con ETA, el presidente Zapatero no ofrece a la opinión publica más información que el presidente Bush sobre Guantánamo o Bagdad.

¿Estaba justificado moralmente el asesinato de terroristas o presuntos terroristas de ETA?. Sucesivos gobiernos españoles parecen insensibles al debate abierto por “Munich”. ¿A nadie le interesa saber que hacía un ex ministro español de la cultura en Buchenwald? Inquietante indiferencia moral. Prestos a denunciar los crímenes cometidos en Bagdad por los centuriones americanos, quizá no damos muestra de la misma susceptibilidad moral ante lo que puede o no puede negociarse con una banda de criminales, cuyas víctimas yacen en cementerios que es peligroso visitar, para no sufrir el acoso de los asesinos y negociadores.

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