Economía de la incultura

March 10, 2006

[Editado originalmente el 14.01.06]
Desde hace años, la OCDE, la UE y los mejores analistas subrayan que Europa invierte poco y en orden disperso en investigación y desarrollo (I+D), cuando la India, China, Japón y los EE.UU. conquistan nuevas posiciones de fuerza en la nueva geografía del poder, la influencia y el bienestar mundial, a través de una pacífica revolución cultural: la economía del conocimiento.

Hace treinta años que la OCDE insiste en ese punto decisivo: la libertad, prosperidad e independencia de mañana se funda en las inversiones actuales en materia de cultura, enseñanza, investigación. Tras la experiencia fallida de la Agenda de Lisboa, dinamitada por el inmovilismo de Chirac y Schröder, Tony Blair ha publicado en Newsweek un artículo muy acerado, con una conclusión brutal: Europa camina en dirección del declive y la decadencia, incapaz de asumir los retos de la economía del conocimiento.

A través de una magna exposición, en el Grand Palais parisino, Jean Clair, eminente historiador del arte, ha subrayado como tan melancólico ocaso europeo viene de lejos y es una amenaza saturnal.

Desde hace mucho tiempo, todos los indicadores insisten en la misma evidencia, trágica: Europa pierde terreno, año tras año, ante los EE.UU., el Japón, China y la India; mientras España permanece invariablemente instalada a la cola de los últimos furgones del declinante tren europeo, insensible a la economía del conocimiento.

Con cierta jactancia provinciana, nuestros gobernantes nos recuerdan -fascinados, ellos mismos, por un milagro cuyo origen último se les escapa- el atractivo crecimiento económico español. Silenciando que, en verdad, ese crecimiento, a todas luces admirable, reposa más que parcialmente en la tierra baldía de la especulación inmobiliaria. Motor económico tan respetable como cualquier otro, sin duda, que distrae recursos y energías no invertidas en investigación, cultura, innovación; donde, a juicio de la OCDE, la UE y los mejores especialistas, se encuentran los verdaderos “yacimientos” de riqueza, prosperidad y libertad para mañana.

Declinantes a paso de carga los fondos europeos, embarcados en la compra de pisos y residencias secundarias, gastamos con mucha alegría el dinero que ganamos con esfuerzo, sin advertir que nuestra prosperidad actual no está sembrando gran cosa en una economía del conocimiento que nos parece lejana, fascinados por la aparente eficacia rapaz de nuestra economía de la incultura. Sin advertir que la materia gris californiana, la creatividad hindú, la productividad china, aceleran nuestro retroceso comparativo, satisfechos como estamos en el sonambulismo del furgón de cola del renqueante tren europeo, cuyo destino desconocemos.

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Una temporada en el infierno
. España, Europa y las economías de la incultura

 

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