Terrorismo y Cultura. André Glucksmann y los orígenes del Terror contemporáneo

March 11, 2006

Con motivo de la publicación de su ensayo Dostoïevski à Manhattan, dialogué con André Glucksmann, en su casa, a primeros del mes de enero del 2002, intercambiando puntos de vista sobre el origen último, cultural, del Terror y el terrorismo contemporáneo. Transcripción de aquel diálogo, que mi ordenador fecha el 14/01/02 17:15:06. :

—-En lugar del «fin de la historia», de Fukuyama, o el «choque des civilizaciones », de Huntington, usted parece temer un principio de siglo y milenario dominados por la proliferación indefinida y planetaria del terrorismo nihilista, anunciando una suerte de «crepúsculo de la humanidad» y de todos sus valores de tolerancia y libertad, víctimas de la crueldad y el terror indiscriminado.

—-Se trata de una posibilidad, pero no de una fatalidad irremediable. El «fin de la historia» fue concebido como una totalidad, el fin de las grandes guerras y los grandes debates ideológicos, y, desde ese punto de vista, erróneo, a mi modo de ver, no habría si no conflictos periféricos, alejados de los grandes centros de civilización, que serian invulnerables. Ya está demostrado, y de que manera, tan trágica, el error fundamental de esa visión. En cuanto al presunto «choque de civilizaciones», me permito subrayar que los nuevos conflictos estallan dentro de las civilizaciones, dividiéndolas y fragmentándolas. Los musulmanes integristas matan y asesinan a los musulmanes no integristas. Hay guerras entre árabes, en Kuwait. Hay guerras entre musulmanes, en Afganistán. Lo que yo concibo, por el contrario, es una suerte de pudrimiento generalizado, que parece extenderse, desde hace diez años, cuando hemos vivido cosas muy horribles, sin contemplarlas de frente, ni impedirlas, como el genocidio de Rwanda, o la guerra en Chechenia, que se prolonga, ante nuestra indiferencia. En Chechenia, un ejército colonial, el ruso, continúa masacrando, violando, destruyendo, incendiando, sembrando el terror, ante nuestra indiferencia cómplice.

—-Si entiendo bien su discurso, y su libro, usted teme que la proliferación del nihilismo, el fin definitivo de todos los valores, la multiplicación de sofismas y el relativismo moral, han incubado la extensión planetaria de nuevos terrorismos de muy distinta especie.

—-En Europa, los valores siempre han estado amenazados. Desde Grecia, con los sofistas. La Europa cristiana estaba profundamente dividida, durante siglos. Luego estuvo dividida en naciones, con guerras igualmente feroces.

—-Si, pero, al mismo tiempo, los pueblos europeos hemos sido grandes constructores de cosas materiales y de cosas del espíritu.

—-Si. Pero, dígase usted que muchas de esas construcciones nos han costado muy caras. Nuestra civilización no ha tenido mejores ni peores valores que el resto de las civilizaciones. Por el contrario, nosotros hemos sido víctimas de experiencias espantosas. Las peores experiencias de la historias, en el siglo XX, el nazismo y el comunismo, ocurrieron en Europa. Si Europa, una parte de Europa, está, hoy, un poco más unida, quizá es a consecuencia de tales experiencias. Los fundadores de la Comunidad Europea, que eran un poco de todo, demócratas-cristianos, socialdemócratas, liberales, etc., tenían valores diferentes, pero también tenían muchas angustias y miedo comunes: no querían un nuevo Hitler, no querían a Stalin, eran, al mismo tiempo, antifascistas y anticomunistas, y tampoco querían guerras coloniales. Esas tres condiciones, antifascismo, anticomunismo y anti-colonialismo, están en la base de nuestros valores democráticos.

—-A su modo de ver, ¿porque otras grandes civilizaciones, pienso en la musulmana, la hindú y la china, no parecen haber descubierto definitivamente esos mismos valores democráticos?.

—-Porque están condenados a nuestro mismo destino. La occidentalización del mundo comenzó en Atenas, una diminuta ciudad. Cada vez que la occidentalización se extiende, la crisis se extiende y prolifera.Y, en ese sentido, ese proceso no es nada inocente. No nos contentamos con exportar libros, o piezas de teatro. También exportamos armas, dinero. Y todo eso comporta la destrucción de las sociedades tradicionales. Lo que ocurre en todas, partes, en las sociedades musulmanas, en la India, es el choque brutal de la occidentalización. Cuando una sociedad no puede vivir como había vivido, durante siglos, y se rompen, para siempre, los viejos lazos tradicionales, víctimas de la occidentalización, crece la tentación nihilista. En ocasiones, en China, o en la India, la occidentalización se consuma contra Occidente, con una suerte de furor anti-occidental.

—-En definitiva, parece usted decir, Occidente no solo exporta el progreso: también exportamos la ausencia de valores de los Demonios, de Dostoievski, que quizá sea los ancestros más visibles del terrorista ciego, cruel y asesino de nuestro tiempo.

—-Totalmente de acuerdo. Occidente comenzó por exportar a Alcibíades, el primer nihilista de la historia, según Tucídides, el jefe ateniense que traiciona a Atenas por Esparta, que traiciona Esparta por los persas, y vuelve a traicionar a los persas por Atenas, etc.

—-Alcibíades no está poseído por el furor destructor de los nihilistas rusos.

—-No se crea, no se crea. Los atenienses lo veían de otra manera.

—-Alcibíades no practica el terror ciego del terrorista moderno.

—-Estuvo a punto.

—-A mi modo de ver, Alcibíades tampoco tenía la fe ciega de Robespierre, capaz de pensar y organizar el Terror de masas, con un objetivo político inmediato, pero, desde su punto de vista ¿quien está en el origen último del terrorista de nuestro tiempo… Alcibíades, Robespierre o los nihilistas rusos?.

—-Hay un poco de todo eso. Pero, hay, además, la locura que se apodera de la Ciudad, o de algunos individuos. En Europa hubo tres etapas en la emergencia del nihilismo. De entrada, la guerra entre las naciones, la guerra de 1914. La segunda etapa es la guerra civil en el interior de nuestras sociedades. Es la revolución nacional socialista y la revolución bolchevique. Con el Terror que comporta cada uno de esos procesos. La tercera etapa es el estallido de la locura interior. Cuando no se cree en nada. Cuando se piensa que todo está permitido. Cuando se piensa que el Mal no existe. Esas tres etapas del desarreglo y la locura de los individuos y las sociedades están ya descritas por Tucídides. La Guerra del Peloponeso comienza siendo una guerra entre ciudades, que se transforma en guerra civil, en el interior de cada ciudad, y, en el momento de la peste de Atenas, los hombres están tan desesperados que se cometen las peores atrocidades.

—-A pesar de todo, de los sofistas griegos a Robespierre, de Saint-Just a Lenin, de la matanza de Munich en 1974 al magnicidio de Nueva York, el 11 de septiembre del 2001, hay una suerte de desertización espiritual creciente, siempre más profunda, una carrera hacia un abismo siempre más hondo.

—-El nihilismo es el punto que tienen en común diferentes creencias. El nihilista se dice: «Hoy, todo está permitido». En Munich, mata a los atletas judios. Un año antes, los japoneses del Ejército Rojo Revolucionario descargaron sus ametralladoras sobre los pasajeros que transitaban por un aeropuerto de Israel. Hay una suerte de contagio general. Los hay que creen en su Dios. Los hay que no son creyentes. Los hay comunistas. Los hay imperialistas. Los hay nacionalistas.

—-A su modo de ver, ¿que diferencias hay entre un terrorista islamista, un terrorista étnico-nacionalista, un terrorista marxista, o un terrorista de otra especie?.

—-Hay diferencias. Pero los une el nihilismo. Uno dice: «mañana habrá una sociedad libre donde el hombre no será explotado por el hombre». El otro dice: «mañana habrá una sociedad basada en la ley religiosa». Otro agrega: «mañana haremos una sociedad basada en la superioridad de nuestro pueblo». Pero también dicen algo en común: «hoy, debemos destruir, matar, arrasar, sembrar el terror, para imponer nuestros criterios».

—-Me pregunto si usted no subestima el terrorismo ejercido desde el Estado o el poder ideológico, presente o por venir, cuyo antecedente inmediato me parece datar de 1793, en Paris, cuando el Terror se convierte en una recurso del poder político contra la sociedad civil.

—-El Terror de Estado comienza mucho antes. Comienza allí donde existe un Estado o una fuerza constituida. Esa angustia contra el Estado existe en los indios del Amazonas, existe en Grecia, existe en la gran literatura bíblica, donde el poder del Faraón, el poder del Estado, es el más temible de los poderes.

—-Pero son Robespierre y Saint-Just quienes fraguan una teoría moderna de la filantropía impuesta a través del terror de masas.

—-Sin duda. Pero, en ese sentido, Robespierre se limitaba a copiar a sus predecesores. Los faraones también deseaban hacer el bien.

—-Quizá. Pero el Terror parisino de 1793 desembocará en el Terror leninista y stalinista, en Moscú, en el siglo XX.

—-Espere, espere. Moscú, de acuerdo. Pero el Terror revolucionario francés, comparado con el terror nazi y comunista, fue algo mucho más modesto, limitado en el tiempo, a la que los mismos revolucionarios pusieron fin, voluntariamente. En Paris, hubo un 9 de Thermidor. En Moscú hubo que esperar setenta años. Se trata de una gran diferencia. Aunque está claro que el recurso del terror es lo que define a un Estado terrorista. El gran error que se está cometiendo, hoy, es pensar que el terrorismo nihilista está limitado a algunas organizaciones tipo Bin Laden, y, quizá, algunos Estados terroristas, como Irak, Libia, o Corea del Norte.

—-¿Ve usted otras amenazas y otros Estados terroristas?.

—-Si. Veo uno muy grande: Rusia. Lo que hacen Putin y su ejército, en Chechenia, es practicar el terror nihilista. La soldadesca de Putin se comporta con la violencia y la crueldad de una banda terrorista, sembrando el terror entre las poblaciones civiles. Yo he estado allí. Ilegalmente. Pero he estado. Corrompiendo a los oficiales rusos.

—-¿No hay una diferencia de fondo entre el comportamiento sanguinario de un ejército de ocupación, corrompido, y la brutalidad espantosa de quienes piensan y realizan la destrucción de las Torres Gemelas en Nueva York?.

—-Ojo, los terroristas del ejército ruso, no solo están corrompidos: han destruido, han reducido a cenizas una capital de 400.000 habitantes, como Grozni, que, hoy, es la única gran ciudad, en todo el planeta, arrasada, literalmente, arrasada, barrida, reducida a cenizas, desde Varsovia, en 1944. Algo semejante a lo realizado en Guernica: atacar una población civil, sin motivos estratégicos, con el único fin de aterrorizarla, sembrar el terror. Algo semejante a lo realizado por Hitler en Varsovia. Eso es lo que ha realizado el ejército ruso, arrasando ciudades, y me parece definir, con claridad, espantosa, el nihilismo terrorista.

—-A su modo de ver, pues, Washington no está definiendo con claridad los objetivos, prioridades ni alcance exacto de su lucha internacional contra el terrorismo.

—-Los americanos han hecho muy bien en aliarse con todo el mundo, para derrocar el régimen de los talibanes. Pero si Bush cree que esa alianza táctica, justa, puede convertirse en una alianza estratégica, a largo plazo, una Santa Alianza de todos los Estados, contra el terrorismo, me temo que se equivoca, completamente.

—-¿Que le parecen más peligrosos los Estados terroristas o las «organizaciones no gubernamentales» terroristas tipo Bin Laden?.

—-Las dos formas de terrorismo se dan la mano. El ejemplo de Afganistán es el que tenemos más a la mano. Los rusos invadieron Afganistán. Hicieron un millón de muertos. Diez años de guerra. Liquidaron a las elites pensantes. Y en esas ruinas se instalaron los más violentos, los más intolerantes y los más crueles terroristas, los talibán. En el origen, estaba el origen colonial de la guerra rusa contra Afganistán. Hoy, el «modelo» afgano se repite en Chechenia. Los rusos atacan, arrasan, pillan, destruyen, siembran el terror. Francamente, si los chechenos no han desembocado todavía en el terrorismo es, solo, gracias, a su fuerza moral. Y no gracias a Moscú ni al silencio de Europa ante su triste suerte. En Chechenia se ha visto y se ve a los niños violados delante de sus padres, o a los padres violados delante de sus hijos. Las peores atrocidades. Espantoso. El riesgo de un terrorismo ciego existe, en Chechenia. Como en otras partes, allí donde existe un pueblo amenazado de muerte. Si los chechenos hubieran deseado practicar el terrorismo contra centrales nucleares hubieran podido hacerlo. No lo han
hecho. Por suerte, para nosotros, también.

—-¿Es que hay una relación entre la miseria, la cultura o incultura y el terrorismo?.

—-En el caso de la miseria, no lo creo. No podemos injuriar a quienes son pobres de misericordia. Quienes están en la miseria no incendian las propiedades de los ricos. A lo largo de la historia, ha habido mucha más gente en la miseria que gente rica. Si la causa del terrorismo y el nihilismo fuese la miseria hace mucho tiempo que no habría ricos. En el origen del terrorismo hay, más bien, un origen cultural. Fuera de nuestra civilización, las gentes desembocan en el nihilismo terrorista intentando adaptarse a la nuestra, cuando no viven en un Estado de derecho. Pero la libertad y el Estado de derecho no existen en tres cuartos de nuestro planeta. Para un adolescente, que ha dejado de vivir en su antigua sociedad, y no vive en sociedades como las nuestras, el fusil de asalto Kalaschnikov es un instrumento eficaz para asegurarse dinero, mujeres, poder, un empleo, un grado, y el terrorismo puede ser su entrada en la modernidad, creyendo que todo está permitido porque tiene un arma. De ahí que la tentación del nihilismo terrorista sea universal.

—-¿Que hacer, ante esa gangrena de alcance planetario?.

—-Se publican libros. Se cuenta la verdad. Se apoya a los más tolerantes. Salman Rusdie, por ejemplo, contó muy bien como estallaron las matanzas terroristas y nihilistas, en la India, al poco de marcharse los ingleses. Se publican libros sobre Africa, contando los horrores. Pero, sobre todo, la gente tiene dentro de ella recursos morales para resistir contra el terrorismo y el nihilismo. En el cuarto avión que debía estallar, en Nueva York, hubo pasajeros que resistieron. Como tenían media hora de retraso, comprendieron lo que estaba ocurriendo. Comprendieron que no solo estaban secuestrados. Iban a morir. Comprendieron que los terroristas deseaban muchas más muertes. Y decidieron luchar, resistir. Moriremos, se dijeron, pero evitaremos otras víctimas. Impediremos que los secuestradores estrellen el avión contra otro blanco terrorista. Murieron. Pero fueron ellos quienes salvaron la Casa Blanca, o una central nuclear. No sabemos. Hay en la persona humana recursos de lucidez y de coraje contra el terrorismo. La lucha contra el nihilismo y contra el terrorismo comienza en el interior de cada uno de nosotros. Los americanos están contentos. Y yo con ellos. Pero la batalla de las ideas no está ganada. Esa batalla no hace más que comenzar. No hay que olvidar que casi tres cuartas partes de la humanidad apreciaron favorablemente el magnicidio de las torres gemelas. Millones de hispanoamericanos se dijeron que «los gringos han pagado por su arrogancia». Los japoneses se dieron «Washingon paga por Hiroshima». Los chinos consideraron vengada la «gran humillación» de la Guerra del opio. Esa guerra de las ideas no está ganada, a escala universal.

—-Si me permite una reserva, visto desde Madrid, por ejemplo, ese combate siempre queda un poso de melancolía. Los intelectuales franceses defienden grandes causas universales, pero no advierten que, pongo por caso, en Bilbao, en Zaragoza, en Barcelona, en Madrid, que también son grandes ciudades, también estallan las bombas terroristas indiscriminadas, en centros comerciales, para sembrar el terror y la muerte.

—-Eso depende de los intelectuales franceses a los que usted se refiera. En mi caso, hablo a menudo con mis amigos de ese problema terrorista. Hace tiempo que ETA desembocó en el nihilismo terrorista. Hasta el extremo que bastantes de los primeros militantes fueron asesinados, víctimas de una banda que siembra, a su paso, la crueldad, la destrucción, el dolor y la muerte. El terrorismo etarra está en la primera línea del terror nihilista, la barbarie criminal.

 

One Response to “Terrorismo y Cultura. André Glucksmann y los orígenes del Terror contemporáneo”


  1. […] Recibo vía @ el último número de Dos Doce. Revista cultural: comunicación, arte y literaturas. Noticias, reseñas, entrevistas. Siempre se aprende algo, ¿no? [ .. ] Európolis. Terrorismo y cultura. André Glucksmann y los orígenes del terror contemporáneo […]


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