Mónica Bellucci: “Nunca he sido un objeto profanado”

March 16, 2006

[Editado originalmente el 27.01.06]

Hace días, tuve la oportunidad de tomar un café con Monica Bellucci. Tiene un francés con mucho acento italiano y habla con púdica franqueza. Este fue nuestro diálogo:

—-¿Es muy duro ser una mujer muy guapa en un mundo aparentemente dominado por predadores masculinos?

—-(Risas. Pausa)… No, no… cuando comencé a trabajar en el cine, en el “Drácula” de Coppola, me escogieron, quizá, porque solo parecía eso, una mujer bella, una maniquí. Pero esa línea tiene un límite. Muy estrecho. Por mi parte, he intentado ir más allá, aceptando papeles mucho más complicados. Para una estúpida, la belleza puede ser una trampa. Si se es inteligente, es posible servirse de la belleza.

—-En “Cuanto me amas” -un bodrio- su cuerpo vuelve a ocupar un puesto central en la película.

—-Es cierto que el físico y la sensualidad son importantes. Pero al mismo tiempo, hay otras muchas cosas. Hay ternura. Hay unas relaciones más o menos complicadas con dos hombres.

—-De alguna manera, en la película, en su caso, como en el de una maniquí, la belleza es un instrumento de trabajo.

—-Si. Pero una actriz aporta algo más. El trabajo de la maniquí es muy atractivo. Yo he sido maniquí. La maniquí necesita un físico, un arte de caminar y saber estar. Puede ser algo muy poético: dar una vida a un vestido. Pero la actriz aporta otra cosa: viste su cuerpo con unas emociones que confieren a esa máscara muchos otros rostros. La belleza puede tomar muchas formas, incluso distintas.

—-De adolescente, ¿usted había soñado ser actriz o maniquí?

—-En mi pueblo, tenía más a la mano las revistas de moda. Y soñaba con ser maniquí. Me emocionaban y encantaban todos los grandes fotógrafos de moda. En aquella época, no podía soñar con llegar a trabajar con ellos. Me compraba y miraba libros de fotógrafos de monda, como otras adolescentes leen novelas rosa.

—-¿Qué fotógrafos la hacían soñar?

—-Muchos. Helmut Newton, por ejemplo. Me parece uno de los más grandes. ¿Conoce usted su libro “Sexo y paisajes”? ¿Recuerda la portada? Soy yo.

—-Recuerdo. A las mujeres les suele irritar mucho la fotografía de Newton.

—-Ya. A mi me encanta. Hay fuego. Hay misterio. En su caso, como en la de tantos otros maestros, la fotografía puede ser una emoción tan fuerte como el cine.

—-¿No le afecta saberse puro objeto para una cámara fotográfica, persiguiéndola en la intimidad con cierta impúdica ferocidad?

—-Si la cámara está fija y no tiene otro objetivo que “cazarte” eso puede ser molesto. Pero cuando se sabe que hay otra cosa, la situación cambia. El fotógrafo y la maniquí o la actriz participan en un trabajo creativo, común. Y eso puede ser muy atractivo. Poner mi cuerpo al servicio de un fotógrafo o al servicio del director de una película es un trabajo muy sensible, que va mucho más allá de la exposición de la belleza.

—-¿No teme convertirse en un objeto profanado por la cámara?

—-No se es nunca un objeto profanado cuando se da la aprobación, cuando se acepta voluntariamente una exposición o un trabajo. Y yo no he sido jamás un objeto profanado.

—-No sé si habla como una militante feminista.

—-A mi manera, lo soy. No me gustan los extremismos. Pero creo que las mujeres deben o debemos seguir luchando para conseguir el puesto que debe ser el nuestro. Hay demasiados países donde las mujeres no tienen ningún derecho. Hay muchas injusticias. La lucha continúa. Cada cual a su manera, claro.

—-¿Es muy machista el mundo del cine?

—-El mundo del cine americano si. En Europa, la mujer, la actriz ocupa otro lugar. Pero en Hollywood, las mujeres, las grandes actrices, creo que han perdido terreno. En los EE.UU. falta un clima de cierta galantería hacia la mujer. En Hollywood, las mujeres tienen problemas para encontrar papeles cuando tienen más de 40 o 45 años. Mujeres sublimes que tienen 45 años no encuentran trabajo. En Europa, una mujer puede hacer papeles sensuales incluso hasta los 60 años. En Hollywood es imposible.

—-¿Qué es una mujer sublime?

—-Una mujer que tiene o inspira un aura particular, sublime. Una manera de estar. Una mirada. Un cuerpo con gracia.

—–¿Y la feminidad?

—-Una manera de estar. Una manera de ser. Cada mujer lo expresa a su manera, personal. En la intimidad o en la calle, caminando.

—-¿Y la maternidad?

—-La culminación de mi vida. Fui madre cuando lo decidí, libremente. Y esa libertad me dio una madurez y una felicidad raras de expresar. De hecho, acababa de ser madre cuando filmaba la historia de la prostituta de mi película. Y era muy emocionante quedarme sola en la caravana, dando de mamar a mi hija, Deva. Creía que Deva era un nombre italiano. Pero he descubierto que es un nombre indio, que quiere decir “criatura celeste”. Era y continúa siendo una forma de plenitud absoluta.

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