Música endemoniada

March 20, 2006

[Editado originalmente el 28.01.06]

La libertad y la prosperidad quizá progresen lentamente en el mundo, pero no se trata de un patrimonio estable: los enemigos de la libertad pueden conquistar el poder a través de elecciones libres (Hitler) y los mecanismos de producción y distribución de riqueza no siempre responden a fórmulas de fácil aplicación, cuando no son pervertidas de infinitas maneras.

España vive en la ilusión de una evolución feliz de la historia. Aron subrayaba, sin embargo, que toda Europa sueña con salir de la historia, cuando otros pueblos piafan por entrar, incluso al precio fuerte del derramamiento de sangre.

Convencidos que nuestra paz interior puede comprarse con impuestos y subvenciones, la UE es partidaria de apoyar los más distintos procesos democráticos con cheques a fondo perdido. Durante la última década, la UE y los Estados europeos intentaron ayudar al pueblo palestino con cerca de 5.000 millones de dólares. La corrupción de Fatah, los coches bomba de Hamas y las operaciones de castigo de Thasal convirtieron en cenizas y humo una parte sustancial de tales donaciones.

Washington tampoco puede vanagloriarse de resultados sin falla. Tras la ocupación de Irak, está por ver como funcionará la balbuciente “democracia” irakí, en manos de unas fuerzas políticas, étnicas y religiosas con una experiencia muy limitada de las libertades cívicas. Las presiones diplomáticas en el Golfo no propagan la libertad a una velocidad vertiginosa. Y las elecciones egipcias confirmaron la fuerza insondable de los islamistas.

Más cerca de nuestras costas, los islamistas radicales ya ganaron hace años unas elecciones democráticas en Argelia. Y Europa aprobó un golpe de Estado militar para evitar tal tipo de “alternancia”, con un costo devastador en vidas humanas. ¿Qué ocurrirá cuando los islamistas más o menos moderados conquisten el poder en Rabat o Argel?…

En el preámbulo de su novela El juego de los abalorios, Hesse cuenta la parábola de grandes imperios desaparecidos, víctimas de una música que enloquecía a sus ciudadanos. Y el Dr. Faustus de Mann cuenta la historia fúnebre de un gran artista, inventor de un nuevo arte musical -inspirado en la dodecafonía, tal como Adorno se la “interpretaba” a Mann- que terminará por confundirse con su descenso al infierno. Hesse y Mann hablaban del fin de Alemania y Austrohungría, devoradas por sus demonios. ¿Tendrán la libertad y la prosperidad más suerte en los territorios donde no siempre está claro que la conquista democrática del poder sea garante de cultura, libertad y progreso, en Palestina, Bagdad, o La Paz?

Una temporada en el infierno. Septiembre Negro, ETA y Terror, en Madrid

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