Última entrevista con Juan Soriano, en París

March 28, 2006

[Editado originalmente el 10.02.06]

Juan Soriano ha muerto. Hace meses recibió el premio Velázquez, en Madrid. Días antes, en París, sostuve con él este diálogo telefónico:


—-¿Qué la parece la noticia?

—-¿Debo creérmela? Desde niño me ocurren cosas mágicas, maravillosas. La gente me habla, me cuenta cosas. Pero son cosas tan bellas, tan bonitas, tan inesperadas, tan misteriosas, que debo rendirme a su misterio.

—-De alguna manera, se trata de una siempre nueva “consagración”, para un artista que siempre ha ido a contra corriente de todas las cosas oficiales, ¿no?.

—-Yo empecé siendo muy niño. A los siete años ya pintaba, ya dibujaba. El arte era lo único importante, lo esencial. Pero las cosas que hacía no siempre iban por el camino que deseaban quienes me rodeaban. Y yo dudaba. ¿Me estaría equivocando? ¿Era ese mi camino?.
Afortunadamente, más allá de mi familia, hubo artistas, hubo escritores, que me apoyaron desde el principio. Y eso me salvó.

—-¿Quiénes fueron los primeros en apoyarlo?

—-Hubo muchos… Octavio Paz escribió cosas muy bonitas. Cuando yo todavía era muy joven llegaron a México muchos españoles, muchos desterrados. Y todos ellos me apoyaron mucho. Para mi fue muy importante el apoyo y la amistad de su amigo Ramón Gaya. También tuvo
un papel muy importante María Zambrano. María fue muy importante paramí. Por lo que escribía. Y por lo que me decía. De ella aprendí muchas cosas. Sobre España y sobre mi mismo.

—-Dicho todo esto, usted siguió un camino muy distinto al de todas las corrientes del arte que terminaría imponiéndose comercialmente a escala planetaria.

—-Nunca he intentado seguir ninguna corriente. Siempre he intentado llegar a ser yo mismo. Sin duda, viví momentos difíciles. Por momentos, algunos días, según me levantase, podía dudar. Pero, finalmente, seguía mi camino. Solo. De hecho, mi vida no ha cambiado
gran cosa. Hago ahora lo mismo que hacía cuando era muy joven: me levanto temprano, dibujo, pinto, leo, hablo con los amigos, intento comer con ellos. Y vuelvo a mi trabajo, a mis cosas. Que es mi forma de
vivir, tocando, mirando, oliendo, impregnándome de todo lo real y descubrir en esa realidad las cosas con las que vuelvo a trabajar en mi arte.

—-Hablamos en París. Pero usted nunca deseó instalarse en Nueva York, la “gran metrópoli artística”, a juicio de la crítica tradicional.

—-París pudiera estar muy bien. Pero yo sigo siendo fiel a México. Sobre todo fiel a las pequeñas ciudades próximas a la capital. Esas pequeñas ciudades donde está tan presente la huella y el legado de lo español. En mi vida, en la vida de México, esa huella de España es
muy importante, primordial. Nosotros aprendimos la lengua española. Y el mestizaje de artes, artesanías y culturas sembró nuestra vida con cosas maravillosas.

—-Quizá una de sus fidelidades esenciales haya sido el dibujo. Muchos artistas han abandonado el lápiz para servirse de un aparato de fotos, o un vídeo. Usted sigue siendo fiel al arte de dibujar.

—-Si. Y creo estar más cerca de la realidad. Desde niño, el dibujo era mi primera forma de expresión e invención de mundos. Luego aprendí de los italianos que el dibujo es algo así como una suerte de “destello de la divinidad”. Bueno. El dibujo hace la vida más
verdadera. La completa, de alguna manera. En realidad, yo no he vendido nunca mis dibujos. Los he regalado. Los guardo. No me gusta nada
comerciar con las cosas en las que he puesto mi cariño.

—-Ese contacto con lo sagrado del gran arte también está muy presentes en todas sus cosas para el teatro. Sobre todo el teatro clásico. Griego arcaico, de preferencia.

—-Los griegos nos enseñan hasta que punto la realidad y lo sagrado se tocan. Los dioses y las diosas griegas son muy humanos. Huelen, aman y se enfurecen como nosotros. O nosotros amamos y nos enfurecemos como ellos.

—-Sospecho que de sus primeros viajes a Europa, a Italia, España, Francia y Grecia lo más importante fue Creta.

—-Todo fue y todo es importante. En cada lugar hay que tocar y trabajar con las cosas de la tierra. Y, en muchos casos, los genios de la tierra se expresan a través de la obra de los artistas. Yo conocí a María Zambrano en México y volví a encontrarla en Roma. En otros
casos, me encontré en Europa con amigos y artistas mexicanos. En Europa también comencé a trabajar con la obra de dramaturgos como Elliot, Jean Genet o Ionesco. Sin embargo, no se si mis cosas eran escenografías, exactamente. Algunos amigos me decían que yo concebía espacios
artísticos, escénico, con vida propia.

—-En cierta medida, usted sigue siendo como un niño fiel a sus primeros sueños infantiles.

—-Quizá. De niño, hubo momentos difíciles. Pero es cierto que me gustaría seguir siendo fiel a los sueños infantiles. ¿Qué cosa mejor puede hacer un hombre?

—-¿Se atrevería a enumerarme los nombres de su museo ideal? ¿Quiénes fueron sus maestros?

—-Nadie y todos. Quizá ni yo mismo sé quienes fueron mis maestros. Ni yo los conozco.

—-Sin embargo, usted incluso fue maestro de dibujo, hace muchos años.

—- Tuve muchos disgustos en mis comienzos. Si me pusiera a reconocer maestros tendría que decir que casi todos mis amigos mayores que yo de aquella época fueron mis maestros. Eran poetas, pintores, escultores y todos me enseñaban muchas cosas. Porque yo no había ido
nunca a la escuela. Bueno, si solo a la primaria. Toda mi educación la hicieron ellos prestándome libros, dándome consejos. Y entre otros, Villaurrutia, Pellicer, Alfonso Reyes, Nova, Octavio Paz, Elena Garro, Lola Álvarez Bravo, Maria lzquierdo. Y luego los españoles: Cernuda,
León Felipe, Rafael Alfonso Gaos, Ramón Gaya.

—-Hoy, una cantidad asombrosa de artistas llegan precedidos de las teorías con las que explicar sus cosas.

—- Para mi la pintura es otra cosa. No se trata de ninguna “perfección”. Ni de copia. Se trata de expresión: expresar sentimientos, estados de ánimo; y siempre distintos, para no aburrirte. El arte tee permite amueblar la vida. Imaginarla de otra manera. Si no,
vivir sería aburridísimo. Hay mucho de teoría y de retórica en la pintura moderna, de frases hechas que se repiten y se repiten. Y se vende. Que quiere. ¿No es un horror?

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