Francia, a la deriva. Concluye la “guerra civil” del CPE, comienza el duelo Villepin/Sarkozy, a navajazos

April 11, 2006

La “guerra civil” (fría) del Contrato primer empleo (CPE) quizá haya concluido. Pero el duelo a primera sangre política entre Dominique de Villepin, primer ministro, y Nicolas Sarkozy, ministro del interior, se agrava con flecos “ensangrentados”: un ministro ha tenido que ponerse fuera de la Ley para obedecer las órdenes de un jefe del Estado situado él mismo fuera de la Constitución.

 

Valery Giscard d’Estaing, ex presidente, y miembro del Consejo constitucional, resume la situación con precisión brutal: “La desorganización de las instituciones ha alcanzado un nivel desconocido en la historia de la V República”.

 

El 31 de marzo pasado, Chirac se ponía él solo fuera de la Constitución, promulgando una Ley y ordenando al mismo tiempo su no aplicación. Jean-Louis Borloo, ministro de asuntos sociales, tuvo que ponerse fuera de la Ley para obedecer al presidente.

 

Según el artículo 432-1 del Código penal francés “quienes tomen medidas para impedir la ejecución de una Ley, actuando durante el ejercicio de sus funciones, serán castigados con 5 años de cárcel”. Borloo se ha visto forzado a pedir, por escrito, que no se aplique la ley promulgada del CPE.

 

Por su parte, Villepin y Sarkozy no han dejado de lanzarse navajazos a la yugular política durante los dos meses de crisis, en la cúspide del Estado, convirtiendo al presidente de la República en convidado de piedra de su duelo con los feroces hierros de las maniobras audiovisuales de la catadura más cruel.

 

Durante la primera fase de la crisis, todo parecía sugerir que el “general” Villepin podía ganar su batalla campal contra estudiantes y sindicatos. Y, desde Bruselas, donde participaba en una cumbre europea, Chirac se prestó a hacer público su apoyo “sin falla” su línea “dura”. Apenas diez días más tarde, el presidente se ha encerrado en el Elíseo con el “rabo” entre las piernas, como un perro apedreado y amedrentado, en la calle, donde los manifestantes pedían su dimisión. Y su protegido se ha convertido en un cadáver político ambulante, obligado a retirar un CPE de manera humillante. Ambos han perdido mucha credibilidad, que ya era muy discutible.

 

Sarkozy ha conseguido una victoria táctica importante. Sus principales rivales y enemigos inmediatos, Chirac y Villepin, están condenados a seguir en sus puestos. Si la crisis hubiese precipitado la dimisión de Villepin, Sarkozy hubiera estado forzado a aceptar el cargo de jefe de gobierno, delicadísimo e inflamable.

 

La oposición socialista pide a gritos la dimisión de Villepin. Pero Sarkozy hará todo cuanto esté en su mano para conseguir que su rival continúe en el cargo, que tiene algo de “gólgota” y “camino del calvario”.

 

Condenado a tragar gruesas culebras callejeras, Villepin se transforma en un enemigo mucho más temible.

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