Francia, perseguida por las furias del escándalo Clearstream

May 3, 2006

El escándalo Clearstream envenena las relaciones en la cúspide del Estado, hunde al gobierno en una grave crisis inconfesable, precipita una avalancha de acusaciones que dan municiones a los demagogos de extrema derecha, y sume a la opinión pública en una consternación creciente, víctima del patético alejamiento de las elites políticas de izquierda y derecha.

 

Jacques Chirac, presidente de la República, continúa aislado en el palacio del Elíseo, cogido en la “pinza” del duelo a muerte política entre Nicolas Sarkozy, ministro del interior, y su primer ministro, Dominique de Villepin, que deberá responder a las dudas que tienen varios jueces sobre su comportamiento, en la oscuridad solitaria del poder sin control de los servicios secretos.

 

Dominique de Villepin, jefe de gobierno, se resiste a dimitir y se considera víctima de “una innoble campaña de calumnias y mentiras”, sin responder con claridad a las acusaciones de fondo: utilizar los servicios del espionaje militar con dudosos fines políticos personales. Es de notoriedad pública que Villepin odia y es odiado por su influyente ministro del interior, y ni siquiera se habla con Jean-Louis Borloo, ministro del empleo y la cohesión social, de quien se sospecha que aspira a sustituir a Villepin como primer ministro.

 

Sarkozy, ministro y presidente de la Unión por un Movimiento Popular (UMP, centro derecha) presentó el pasado 31 de enero una querella judicial contra “X”, considerándose difamado por unas filtraciones que la justicia sospecha realizadas por oscuros personajes muy próximos a Dominique de Villepin, quizá. El primer sospechoso es un alto dirigente de EADS, el gran consorcio europeo de armamentos, viejo amigo personal de Villepin. Se trata de una novedad sin precedentes: un ministro del interior que pide una intervención judicial, para dejar clara su honorabilidad, poniendo en primera línea de posibles acusados a los hombres de su propio jefe de gobierno.

 

A la izquierda socialista, comunista y ecologista, se multiplican los tiros con mira telescópica contra la cabeza política de Villepin, denunciándose un “Watergate a la francesa” y pidiendo la dimisión de un jefe de gobierno “que deshonora a Francia en el extranjero”.

 

La opinión pública no está lejos de compartir plenamente las “sospechas” de Sarkozy y las acusaciones de la oposición. Un 70 % de los franceses tienen mala o muy mala opinión de Villepin, que se aproxima a la cota de impopularidad histórica de Edith Cresson (ex primera ministra socialista), que sigue teniendo el record de 75 % de opiniones negativas.

 

Ese rechazo masivo del jefe de gobierno, solo tiene unos beneficiarios diáfanamente claros: los demagogos de la extrema izquierda y la extrema derecha. Los electores de Jean-Marie Le Pen aumentan en intenciones de voto: la demagogia populista hace estragos entre los obreros poco calificados, que antaño votaban al PCF. A doce meses de la próxima elección presidencial, los enfrentamientos personales en la cúspide del Estado, la consternación de los diputados de centro-derecha, los enfrentamientos entre los candidatos a la candidatura socialista a la jefatura del Estado, son un insondable pozo de incertidumbre.

 

Gran conocedor de la sociología de Francia, Nicolas Sarkozy presentó ayer su proyecto de Ley sobre “inmigración deseada y no sufrida”. Ese proyecto convierte la inmigración en el primero de los grandes temas de debate nacional, con unas ventajas tácticas evidentes: consolida el liderazgo personal del ministerio del interior, “corta la hierba” a los pies de una izquierda poco popular en ese terreno, e intenta atraer hacia la derecha moderada los electores tentados por las sirenas del extremismo demagógico.

One Response to “Francia, perseguida por las furias del escándalo Clearstream”


  1. […] Gracián hablaba de las “cuatro naciones de España” y Cervantes –conocedor emérito de Andalucía– nos habla del miembro de otra “nación” española (morisca) que España condenaba al destierro. Pero sería injuria hacerles hablar de la “realidad nacional” de Andalucía, reconocida como tal a través a través de un Estatuto que tendrá un total de 11 títulos, 250 artículos, siete disposiciones adicionales y un preámbulo. “Realidad nacional” qué no sé si será motivo de orgullo o división entre andaluces de distintas convicciones nacionales. Los andaluces residentes en Cataluña ¿serán “nacionales” catalanes o andaluces? ¿Y los maquetos vascos..? Siempre que quedará Cartagena y el recuerdo de Antonete Galvez, mi legendario antepasado. [ .. ] Európolis. Francia, perseguida por las furias del escándalo Clearestream. […]


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