Zapatero, Morales y los simios

May 3, 2006

La nacionalización de los hidrocarburos, en Bolivia, no solo amenaza los intereses empresariales españoles: también amenaza la credibilidad de las “intuiciones” y la “palabra” del presidente Zapatero, “tocado” indirectamente por su generosa recepción de Evo Morales, que toda la prensa de Europa y América presenta como un aliado privilegiado de Fidel Castro y Hugo Chávez.

En La Paz, La Prensa afirma que el gobierno está dividido entre “un ala moderada y un ala radical”, representada por el propio Morales. A juicio de La Prensa, “a un país como Bolivia no le convienen alianzas como las de Venezuela y Cuba”, tras una historia de nacionalizaciones desafortunadas. La Razón lamenta el estado “deprimente” de las inversiones en la minería nacional bolivariana, temiendo que la nacionalización agrave tan penosa situación. El Diario publica un exaltado discurso del vicepresidente García Linera pidiendo al pueblo que “defienda” la decisión gubernamental, que a juicio de Jaime Solares, líder sindical, es “demagógica y precipitada”, reclamando una “nacionalización sin indemnización”.

 

La poderosa prensa de izquierda americana aplaude y denuncia a las grandes empresas internacionales presentes en Bolivia. En México, La Jornada escribe: “Se acabó la novela rosa de los jugosos negocios, contra las costillas de los bolivianos”. Son muy numerosas las denuncias y alarmas. “Alerta comercial desatada”, dice La Nación (Chile). “Temores en Argentina”, afirma La Nación (Buenos Aires), subrayando el paralelismo de los intereses de Madrid/Buenos Aires.

 

En Europa, Bolivia se percibe víctima de las decisiones y alianzas de Evo Morales, presentando a Washington como el primer enemigo. “Alemania critica la decisión boliviana”, dice Frankfurter Allgemeine Zeitung. Financial Times se pregunta si los inversores europeos evalúan con precisión los riesgos del populismo americano. Liberation estima que España y Brasil son los primeros afectados. Wall Street Journal confirma en primera línea de crisis los intereses españoles, víctimas de un “show” de “nacionalismo energético”.

 

En otro terreno, sobre el proyecto Gran simio, El Iberoamericano escribe: “Lo lamentable no es que se quiera defender a animales genéticamente bastante próximos a los humanos, sino que esa misma preocupación por los monos no parece existir en lo que respecta a los derechos humanos violados en países como Irán o Cuba, con los que el gobierno español sostiene “excelentes” relaciones”.

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