George Steiner: Gramáticas del principio y el fin de las civilizaciones

May 24, 2006

[23/04/01 09:58:03] Obra excepcional y sin duda histórica (1), porque plantea las primeras cuestiones esenciales, sobre el origen y evolución, técnica y espiritual, de nuestras culturas, desde el Génesis hasta la encrucijada actual, a las puertas de una nueva civilización. Los cambios que hoy modifican los conceptos de la comunicación, la información, el conocimiento, la generación de sentidos y de formas, son, probablemente, estima George Steiner, los mayores y de mayores consecuencias, desde que el homo sapiens elaboró el lenguaje.

Asistimos a una modificación sustancial del concepto mismo de persona humana. El transplante de órganos, la clonación, la iniciación de la vida orgánica in vitro, continúa Steiner, alteran inevitablemente el estatuto del yo, la primera persona del singular. La mundialización definitiva de los intercambios económicos corre pareja a una modificación imprevisible de la tierra inmaterial donde florece y no sabemos si pudiera agonizar nuestra amenazada conciencia.

 

Abordando esa cuestiones capitales, bien presentes, de manera elíptica, o frontal, en toda su obra, Steiner culmina una larga y fecunda carrera, medio siglo largo de crítica y docencia, en Chicago, Harvard, Oxford, Princeton, Ginebra, Cambridge, a caballo entre varias lenguas, el alemán de su familia vienesa, el francés de sus primeros estudios parisinos, el inglés americano de su formación universitaria, el italiano de su mestizaje universitario suizo, sin olvidar su familiaridad con el hebreo bíblico y su dilatada frecuentación de las culturas rusa y danuvianas. El español y el árabe han estado ausentes durante mucho tiempo de las lecturas steinerianas; pero esa falta de su inmensa biblioteca comienza a repararse de manera majestuosa, a través de Ibn Arabí, San Juan de la Cruz y el Góngora de las Soledades.

 

En cierta medida, sus Gramáticas de la creación, publicadas, al mismo tiempo, en francés e inglés, en Paris, Londres y Boston, son la culminación provisionalmente definitiva de su obra, colosal, por la riqueza única de sus variaciones, y la revelación de un autor «desconocido». Habiamos confundido a Steiner con el más eminente de los críticos literarios, el más respetado de los profesores y comparatistas, en Europa y América, pero esta obra nos descubre la verdad que ya sospechábamos desde la publicación de sus penúltimos escritos biográficos: Steiner lleva medio siglo sirviéndose de la crítica literaria, indagando en muy otros terrenos lingüísticos, filosóficos, teológicos, artísticos, en definitiva, para poder abordar, al fin, las cuestiones esenciales que en verdad le preocupan: ¿puede existir y sobrevivir la persona humana, tal como la conocemos, desde hace tres o cuatro mil años, si se socaban, dinamitan y destruyen definitivamente la relaciones entre el hombre y el logos, la palabra, el Verbo que lo funda y echa los cimientos de su morada en la tierra?

 

Contemplada su obra retrospectivamente, es fácil advertir que Steiner lleva más de cuarenta años desbrozando los dolorosos caminos que conducen hasta esa encrucijada actual. Su Tolstoi o Dostoievsky (1959) ya planteaba el dilema histórico de dos titanes tentados por dos capítulos mayores de esa epopeya espiritual del hombre moderno. Tolstoi sueña con llegar a suplantar a Dios e increpa a Shakespeare porque teme, con razón, que Timón de Atenas proclame la negación total del espíritu y el logos, precisamente. Dostoievsky, por el contrario, inicia la bajada al infierno contemporáneo: sus endemoniados y poseidos encarnan, por vez primera, la figura del mal absoluto, el Terror y el terrorismo inhumano e indiscriminado.

Lenguaje y silencio (1958) habia comenzado a explorar la tierra baldia del logos amenazado por la Shoah, el holocausto sacrílego de Auschwiz. La muerte de la tragedia (1961) y sus primeros ensayos sobre Schoenberg y Celan iniciaban el estudio de los primeros intentos de reconstrucción de una arquitectura espiritual (concepto juanramoniano, desconocido por Steiner, nobody is perfect) para el hombre de mañana, tras la caída y la soledad ontológica absoluta que reflejan las Elegias de Duino de Rilke.

El castillo de Barba Azul (1971) esbozaba un primer balance provisional del estado «literario» de nuestras culturas, que continuaría matizando en Nostalgia de absoluto (1974). Mientras que Después de Babel (1975) echaba los cimientos de un futuro y mucho más vasto edificio: una visión y una teoria global de las lenguas y el paradójico principio de la traducción. A partir de esa obra, única en su género, comenzó percibirse, en la lejania, el carácter monumental de la arquitectura que todavia tardaria veinticinco años en perfilarse detinitivamente.

Martin Heidegger (1980) le permitió a Steiner zanjar de una vez por todas un problema espinoso y esencial: el puesto del maestro de Friburgo en la historia de las ideas y la filosofa, como heredero de una triple tradición griega (Platon), cristiana (San Agustín) y alemana (Nietzsche). Sus Antígonas (1986) son la guia de referencia obligada para ahondar en otra cuestión primordial: el puesto seminal de los mitos y la construcción lingüística, verbal, en la lenta e interminable construcción de nuestra conciencia. Desde aquel momento, Real Presences (1988), No Passion Spent (1996), o Errata (1997) pueden leerse como preludios a su definitiva Gramáticas de la creación.

 

Hay otros libros, novelas, incluso poemas, y muchos otros ensayos. Pero todos convergen en esa misma dirección. En Ginebra, hasta su jubilación, o en Cambridge, en una reclusión absoluta, Steiner no ha dejado de explorar los mismos abismos y esferas celestes. Una nueva traducción del Antiguo Testamento será un pretexto ideal para releer e iluminarnos los primeros versículos del Génesis. La celebración de la Pascua le permitirá volver a recordarnos el paralelismo fundacional de Sócrates y Jesús, en el alba de nuestra civilización. Una nueva biografia de Wittgenstein será una excelente oportunidad para volver a los lugares de perdición del hombre contemporáneo. Hay muchos otros senderos, siempre convergentes hacia el rio primordial, el Rio de la Flecha de Kim.

 

En verdad, todos los caminos de su vida y su obra, desde Viena a Paris, desde Paris a la costa Este americana, desde allí hasta la vieja Europa, de nuevo, entre Ginebra, Paris, Cambridge, o su amada cuenca danuviana, lo conducirán, siempre, hasta las playas de la misma zózobra, la misma e intacta fé: ni el griego homérico ni el arameo están hoy vivos, pero Agamenón y los convidados a la última cena continúan teniendo una presencia inextinguible.

 

Esa evidencia también es un principio histórico y ontológico. Un invento del siglo XIX apenas tiene para nosotros un interés arqueológico, mientras que Dostoievsky ilumina la sangre derramada por las víctimas del Terror indiscriminado e inhumano, caidas en nuestras calles, a la puerta de nuestras casas. Las artes son incluso más indispensables para la supervivencia misma del hombre que las ciencias y las tecnologias, porque son ellas las que echan los fundamentos de una posible, ambigua, atormentada y conflictiva existencia moral. Sin las artes, concluye Steiner, la psyche humana estaria desnuda ante la extinción personal y reinaria en ella, en nuestra conciencia, la lógica de la locura y la desesperación, abriedo el camino a una selva de seres y objetos desalmados.

 

Steiner estima que el divorcio último entre el hombre y el logos, la humanidad y el lenguaje, entre la razón y la sintaxis, entre el diálogo y la esperanza, se precipitó en Buchenwald, donde los verdugos y sus cómplices, consumaron la anulación total del pacto original entre el hombre y el lenguaje. Los nazis que imponen su ley diabólica siembran la proliferación de un desierto de cenizas profanadas. Los comunistas que colaboraron en los campos se creian llamados a organizar el Holocausto, capaces de escoger entre víctimas elegidas o condenadas en nombre de su propia concepció mesiánica de la historia. Liberados, provisionalmente, al menos, del espantoso fantasma del Estado Totalitario, apoyado en un parque de artilleria nuclear, con ambiciones planetarias, a nosotros nos ha tocado vivir otro tiempo de tribulaciones igualmente inquietantes.

 

Steiner estima que las nuevas tecnologias de la información y la genética están modificando los fundamentos del yo y de nuestra conciencia. Toda la historia del arte la literatura del siglo XX nos hablan de esa encrucijada histórica. Ni las ciencias ni las tecnologias dan respuesta a todas las preguntas que continún interpelándonos. Bien al contrario, la proliferación de artilugios mecánicos y virtuales también inventa realidades ficticias y endemoniadas que se alimentan con carne humana.

 

En el umbral de un nuevo siglo y una nueva civilización, Steiner se interroga por nuestro destino, y percibe oscuros signos de posible esperanza, muy alejados del ruido literalmente infernal y endemoniado que coloniza y destruye nuestras conciencias. Atraidos hacia la oscuridad del abismo por infinitas sirenas, el artista de nuestro tiempo afronta una situación única y sin precedentes. Terroristas y fariseos de muy distintas escuelas de pensamiento han abocado todas las artes, mercados e industrias de la cultura hasta el umbral de un desierto iluminado con luces fluorescentes, premios, medallas y publicidad desalmada. Steiner nos recuerda que solo la restauración de la palabra, amenazada, y la reconstrucción de logos, el Verbo, víctima de innumerables actos de sabotaje, nos permitirán transmitir la semilla de una conciencia, más allá del Terror ideológico y del Desierto de los objetos desalmados.

 

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(1) Grammaires de la création

George Steiner

Editions Gallimard. Col Essais. 430 págs. 135 Francos.

Paris, 2001

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