De como el Estado destruye la cultura a través de la Comunicación Estatal de Masas

May 27, 2006

[1991 nov. 12] Este ensayo (1), luminoso y vitriólico, es, al mismo tiempo, una reflexión sobre las relaciones entre el Estado y la Cultura, un canto fúnebre por la Muerte del Espíritu a manos de la Comunicación Estatal de Masas, y una historia impresionista de la cultura de Estado, en Francia, desde la inmediata posguerra.

Este último aspecto es el mas controvertido, polémico y devastador del libro, por una razón simple y brutal: Fumaroli, profesor del College de France, autor de dos ensayos imprescindibles sobre la retórica en la época clásica francesa, describe con extremada precisión los orígenes últimos del modelo y las prácticas del actual ministerio de la cultura, bajo la tutela de Jack Lang… Bismarck, Lenin, Hitler, el Frente Popular, Andre Malraux y Georges Pompidou.

 

Fumaroli reconstruye, con mucho rigor y erudición, el vínculo de unión de todos los elementos de tan heteróclita relación, proponiéndonos una lectura pedagógica perfectamente devastadora.

 

Mas allá de un rastreo arqueológico que debiera pasar por el Platon de "La Republica" y la consagración "divina" de la "razón", por parte de los jacobinos franceses, hacia 1.793, evidentemente, a su modo de ver, el origen ultimo del Estado cultural está en la Kulturkampf bismarckiana. Lenin, por su parte, aplica con mucho talento policial los grandes principios tutelares concebidos por Bismarck.

 

Convertida la cultura en arma de guerra ideológica, Lenin crea, por su parte, por vez primera, una burocracia de Estado que, en estrecha colaboración con la policía y los muy diversos recursos coercitivos del Estado totalitario, aspira a servirse de la cultura como del más eficaz de los instrumentos de guerra ideológica.

 

Hitler y Mussolini no hacen otra cosa, creando nuevos ministerios con idéntica vocación "ecuménica": utilización de la cultura como un recurso de publicidad, persuasión y manipulación de las masas, a través de la tecnología, definitivamente moderna, de los medios de comunicación audiovisuales.

 

La "transición generacional" que nos lleva del dúo Lenin-Hitler al dúo Malraux-Georges Pompidou es la mas discutible, quizá, del ensayo de Fumaroli. Pero el ensayista rastrea e ilustra sus proposiciones con mucho rigor historico.

 

En la inmediata posguerra, perdidas las antiguas colonias, caída Francia en una postración histórica moralmente devastadora, Malraux concibe un proyecto fáustico: un ministerio de la cultura destinado a dar a Francia un "imperio" (espiritual) que sustituya a su antigua potencia diplomática y militar… No será otra la ambición de Georges Pompidou cuando, al final de los anos sesenta, descubre que una gran exposición, en el Metropolitan de Nueva York, amenaza con "robar" a Paris el puesto de "capital cultural y espiritual"…

 

Como es bien sabido, para "devolver" a Francia su "rango cultural", en la escena internacional, Pompidou y sus estrategas conciben la gestación del celebre museo que lleva su nombre, el mas visitado del mundo, quizá, consagrado, a celebración permanente de la Modernidad.

 

Así las cosas, Malraux y Georges Pompidou crearon una "infraestructura" administrativa y burocrática extremadamente poderosa e influyente. Y cuando Mitterrand llega al poder, en 1.981, su ministro de la cultura, Jack Lang, hereda un patrimonio tecnocrático formidable, que la nueva administraccián pondrá al servicio de su visión del mundo y su concepción de los negocios del espíritu.

 

El mes de octubre de ese ano, tras una "calurosa" visita a Fidel Castro, Jack Lang presento, ante una conferencia mundial de la Unesco, su "programa de acción", cuyos jalones son bien conocidos y sintomáticos: Cuba es un modelo de cultura y sociedad… los EE.UU. representan una "cultura imperialista" contra la que es necesario "resistir"… el gobierno socialista francés se atribuye la "misión histórica" de dirigir esa "resistencia", enarbolando las banderas del dirigismo, la autarquía y el proteccionismo cultural mas agresivo.

 

Tras diez anos de experiencia cultural-socialista, en Francia, los "efectos perversos" de esa política no pueden ser más evidentes y devastadores:

 

––El ministerio francés de la cultura se ha transformado en una maquinaria de producción de fiestas conmemorativas consagradas a la celebración de la megalomanía presidencial.

 

––La megalomanía presidencial ha embarcado el presupuesto nacional en una serie de "grandes proyectos" de discutible envergadura estética, evidente carestía financiera, y elocuente catástrofe institucional.

 

––La producción permanente de espectáculos, fiestas y homenajes apenas traduce una vocación propagandística al servicio de los intereses de una minoría oligárquica, que defiende de modo particularmente férreo sus prebendas de muy diversa especie.

 

––Incrustadas esas prebendas, como una lacra, en el presupuesto del Estado, los intereses de la minoría tecnocrática se convierten automáticamente en decisiones de Estado; convirtiendo, definitivamente, la cultura en un negocio y patrimonio autárquico de una minoría ideológica, social, incluso familiar, que se arroga, sin pudor, la misión histórica de "iluminarnos".

 

De ese modo, el dirigismo se transforma en arbitrariedad y la arbitrariedad prolifera de modo farisaico. Se comienza denunciando el imperialismo cinematográfico americano y se acaba dando créditos a los directores de cine que dan un "papel" a una hija del ministro de la cultura. Se proyecta una "opera popular" y se crea un monstruo administrativo elitista y oligárquico. Se anuncia "la construcción de la mayor biblioteca del mundo" y se olvida el abandono de la única biblioteca nacional existente. Se multiplican las "donaciones", "fiestas", "conmemoraciones" de carácter artístico y cultural: y las prebendas de las subvenciones apenas pueden ocultar el vacío intelectual más absoluto, convirtiendo la supuesta cultura nacional en un mero instrumento de manipulación del ocio.

 

Es en ese extremo donde el "modelo" francés cobra una dimensión universal, poniendo en evidencia como el filisteismo tecnocrático de una minoría comienza por esgrimir una vocación supuestamente igualitaria y termina convirtiéndose en un campo de ruinas morales la tierra finalmente baldía de la cultura.

 

Se trata de un proceso de vampirismo moral íntimamente ligado a la manipulación de la cultura a través de los medios audiovisuales, la conversión de la cultura en objeto de supermercado y la conversión del objeto de supermercado en publicidad al servicio de la oligarquía burocrática.

 

Convertido el Estado en productor, empresario, manipulador, supervisor, gerente y distribuidor privilegiado de la cultura, los productores de cultura, artistas, poetas, cineastas, dramaturgos, etc., se convierten en modestos asalariados al servicio de un "empresario monopolista" que no solo aspira a la producción de objetos: también se atribuye el control autoritario de los valores espirituales de toda obra de arte, considerándose depositario de una verdad "revelada" por un "progreso" que ella manipula como un monopolio autárquico.

 

Auto-proclamada la burocracia de Estado como detentadora exclusiva de los "verdaderos" y "únicos" valores morales de "libertad" y "progreso", intentando controlar la noción misma de esos valores en función de las necesidades electorales de la burocracia de turno, las mercancías culturales se degradan en meros objetos, al servicio del ocio con que los gobernantes intentan amueblar con su propaganda permanente.

 

Así, los ministerios de la cultura, allí donde existen, tienen tendencia a confundirse con el ejercicio y el magisterio de la publicidad, la manipulación y la propaganda de Estado. La historia del arte y la cultura contemporáneas nos recuerdan, por el contrario, que la razón titubea y languidece, cuando no muere, en aquellas sociedades donde la cultura se ha convertido en un manierismo de la publicidad administrativa, multiplicándose, con dolor, pero en libertad, allí donde el filisteismo de las oligarquías ideológicas no consigue envenenar la producción y el comercio de los frágiles negocios del espíritu.

–––––––––––––––––––––

(1) L'Etat culturel. Essai sur une religion moderne. Marc Fumaroli. Editions de Fallois.

Paris, 1.991. 305 paginas. 125 ff.

4 Responses to “De como el Estado destruye la cultura a través de la Comunicación Estatal de Masas”


  1. Hola a todos:
    Interesante el ensayo. SObre la cultura imperialista de EE.UU. , no hace falta esperar a la conferencia de Lang. Solo hace falta leer los tebeos de Asterix y ver como los galos son los franceses bajo De Gaulle y los campamentos romanos las bases “yankees”.

    Saludos a todos.

  2. Dolors Says:

    La verdad es que herr Wallenstein quizá lleve razón. Y lo de Asterix es una excelente referencia, con una ligera salvedad: los autores de la poción mágica ¿no eran belgas??.. En todas partes cuecen yankees, incluidas las Naciones Catalana, Andaluza Vasca and co.

    Saludos,

    Dolors


  3. Hola a todos:
    Dolors en una edicion especial del Circulo de Lectores, que me compraron mis padres cuando era un niño, venia esa referencia contra el imperialismo “yankee” realizada por los mismos autores del genial “comic” galo. Sobre pociones magicas podriamos entrar a debatir, que el pais que mas persigue al doping, sin embargo tenga como uno de sus principales heroes nacionales de ficcion a alguien que se dopa.

    Saludos a todos.

  4. Javier Says:

    Hellos.. curioso: a nadie se le ocurre pensar cuales serían las aventuras de Tintin y Asterix en.. Bagdad. ¿Sería eficaz la poción mágica? ¿a favor de los yankis, los sunnís, los chiíes, los kurdos?..

    Javi jr.


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